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Escrache a González Pons: La línea roja traspasada

Escrache a González Pons: La línea roja traspasada

Lo del escrache a González Pons me ha recordado Cuba. Allí ha ocurrido muchas veces: Simpatizantes del régimen rodeando la casa de un disidente insultándole, amenazándole, llamándole gusano, traidor y otras lindezas. Seguramente hay antecedentes en otros regímenes.

El pasado miércoles un grupo de personas que protestaban contra los desahucios se concentraron ante el domicilio particular del diputado popular Esteban González Pons: Cortaron la calle, empapelaron el barrio con fotos suyas, rodearon el portal; según ha narrado el propio afectado, aporrearon la puerta de su casa durante media hora y advirtieron a los vecinos que vivir en el mismo edificio del diputado era un peligro para ellos. En casa de González Pons sólo estaban sus hijos, menores de edad. La imagen de uno de los concentrados tratando de subir por la fachada vale más que bastantes palabras. No es el único caso. En Madrid se pasearon por la calle donde vive Alberto Ruíz Gallardón coreando en este barrio, vive un asesino.

La violencia y la intimidación son inadmisibles. Esto es una cuestión de principios. De principios innegociables. En los debates del sábado en Tele 5 y La Sexta no faltaron quienes justificaron el escrache alegando que hay una causa justa: El drama de los desahucios. Comparto lo de la justa causa. Así lo expresé en el artículo que publiqué en este mismo sitio el pasado 14 de febrero, suicidios y desahucios. Pero tener una causa justa no legitima el uso de la violencia y la intimidación. Es más, las causas dignas no han de contaminarse defendiéndose de manera indigna.

Creía que este debate se había superado, que estaba asumido para siempre que el fin NO justifica los medios; pensaba que la sociedad española lo había interiorizado cuando finalmente asumió que los GAL no eran un medio legítimo para defender la más justa de las causas, la lucha antiterrorista. Sin embargo hoy una parte de la sociedad española vuelve a caer en la tentación de justificar medios ilícitos con la excusa de que los fines son nobles.

El otro día comentando estos hechos en una cena alguien me justificaba lo acontecido con otro tipo de argumento: es que las protestas y las manifestaciones normales al final no han servido para nada. No queda más remedio que ir a los domicilios de los políticos.

Ante este segundo argumento no tengo más que decir que la violencia o la intimidación del escrache serán, además, inútiles.

En mi último artículo, desahucios y sentencias europeas expresaba mi escepticismo acerca de la eficacia de los cambios en las normas procesales cuando el problema es que cada vez más gente no llega a fin de mes. Rodear la casa de diputados, encaramarse por las fachadas de sus casas, empapelar sus barrios con sus fotos, llamarles asesinos delante de sus hijos y sus vecinos… desengáñense, no nos sacará de la diabólica coyuntura en la que estamos. El escrache no hará que la economía funcione ni que los ciudadanos lleguen a final de mes.

Hace unas pocas semanas ha habido elecciones en Italia. Los indignados italianos de Beppe Grillo sacaron el 25% de los votos y pasaron a ser decisivos para formar gobierno. Han pasado varias semanas y no son capaces de poner sobre la mesa un programa coherente y aplicable. Los partidos tradicionales tampoco. Si alguien quiere ser útil, más que dedicarse a rodear casas de diputados, que se dedique a pensar y proponer. Seguramente es mucho más difícil. Ahora que con el Papa Francisco se ha puesto de moda la humildad, confesaré que no yo soy capaz de cuadrar todo un programa económico que a nivel español y/o a nivel europeo nos saque adelante a pesar de que llevo bastantes horas pensando. Igual es que soy más tonto que los miembros de cualquier comando escrache.

Carlos M. Florit Canals es abogado.

@CMFlorit

8 respostes a “Escrache a González Pons: La línea roja traspasada”

  1. Vicente Rozas escrigué:

    ¿Cuantas vulneraciones de los derechos humanos por deshaucios y cuantas muertes por suicidio más hacen falta para que este tema se lleve ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo?. Que se sienten en el banquillo los directores de las entidades financieras, del banco de España y los responsables de los gobiernos que han consentido y están consistiendo esta vulneración sistemática de los derechos humanos en este país, acusados de crimen contra la humanidad de una santa vez.

  2. Daniel escrigué:

    Señalar a alguien por que hace algo concreto y está orgulloso de hacerlo, no me parece ninguna intimidación. Ante todo hay que recordar que somos seres humanos y que nos podemos autoexigir un comportamiento utópico de por vida y bajo cualquier presión, pero eso no es más que negar nuestra naturaleza. Todo el mundo tiene un límite. Hoy en día estamos viendo como una vez tras otra se hace lo que se quiere bajo la bandera de “las reglas del juego” cuando esas reglas del juego sólo te permiten patalear, sin que ello sirva para nada. Hay gente muriendo y viviendo en las calles gracias a una VIOLENCIA ejercida desde “las reglas del juego”, si esas reglas del juego sólo dejan como opción la protesta dentro de unos cauces que en la práctica y vista la velocidad de los acontecimientos es absolutamente inútil, no nos extrañemos que, ante la desesperación, como seres humanos que somos, busquemos atajos que, por supuesto, no van a estar dentro de esas “reglas del juego”. Podemos escribir mil artículos sobre lo malo para la sociedad que es saltarse las reglas, pero la realidad es que lo malo de raíz, son que las reglas sean las que son. Si tengo 4 hijos y me echan de casa, pese al pacifismo que forma parte de mis “principios inegociables”, haré lo que HAGA FALTA para dar de comer y de dormir a mis hijos, y no por mi condición de violento, sino por mi condición de humano.

    O desde las reglas de juego se da una solución YA y ROTUNDA, o las reglas de juego no servirán más para nada y además muchos ciudadanos con “principios inegociables” lo veremos positivo.

    DMR

  3. krb escrigué:

    No lo aplaudo, pero la indignación despues de todo lo que vemos empieza a ser hasta normal y sinceramente creo que aun somos con lo que esta
    Callendo muy comprensivos.

  4. Carlos M. Florit escrigué:

    Vicente, Daniel, krb, gracias por vuestros comentarios y disculpad que no intervenga hasta tan tarde.

    Yo insisto en separar completamente dos debates: Por una parte cómo sacar adelante el país de la situación en que estamos, una de cuyas manifestaciones son los desahucios (otra son los 6 millones de parados) y por otra parte, la inadmisibilidad de la violencia como medio de acción política.

    A quien no le hayan convencido mis argumentos le preguntaría dónde pone el límite a la violencia. En un pueblecito de Madrid, San Martín de la Vega, la policía ha tenido que amparar a la alcaldesa de la acción de un grupo antisistema. Le han gritado, entre otras cosas: “Ojalá te dé un cáncer y te mueras” y “te vamos a matar”. Esto no puede valer, ¿verdad? Y si alguien pensara que sí, ¿vale contra una alcaldesa de pueblo? ¿puede una alcaldesa de pueblo solucionar los desahucios, el paro, etc? Pero entonces, ¿quién pone los límites?

    En Tenerife una militante de base del PP ha sido golpeada en la cabeza y ha sido trasladada a un centro hospitalario. Me gustaría leer mañana que ha sido un perturbado. Estoy seguro que esto tampoco lo puede justificar nadie.

    Si el rechazo a la respuesta violenta no es la línea roja, ¿quién pone los límites? Personalmente creo que la línea roja está en rechazar cualquier respuesta violenta, de uso de la amenaza o la intimidación.

    El cuarto comentario ha entrado sin nombre, pero acompaña un enlace a un blog firmado por @fr_carrillo. Hay alguna idea que me ha parecido bastante interesante. Os recomiendo su lectura.

    Un saludo a todos.

    • Daniel escrigué:

      Hola Carlos M.Florit

      Por supuesto, cada uno tiene una idea de hasta dónde es aceptable un comportamiento, y por eso nos damos unas normas que hemos de cumplir todos dentro de una sociedad. El problema es cuando esa sociedad se rompe y hecha añicos pretendemos que todo siga igual.

      No sé por qué nos cuesta tanto ver que lo que estamos sufriendo, es VIOLENCIA. Violencia con todas las letras, una violencia mucho más intensa que el insultar a alguien, o que incluso que una agresión física (con esto no estoy, en absoluto, justificándola). Mi pregunta es parecida a la suya, pero con algún matiz. ¿Hasta donde es capaz un ser humano, ante el hambre de sus hijos, de reprimir sus más profundos instintos para preservar “las reglas del juego” de las que hablaba en mi comentario?, y si somos capaces de responder a esta pregunta, la siguiente ¿Hasta dónde son capaces un 25% de ciudadanos de una sociedad que no tiene trabajo, de reprimir su indignación en nombre de las normas de convivencia de una sociedad que les ha entrampado?. No tiene sentido separar los temas. Si un león tiene hambre come, separar el ataque del león con su hambre no tiene sentido.

      E.G.Pons no es un alcalde de pueblo, es un diputado que vota cosas concretas con consecuencias directas (a veces VIOLENTAS) sobre la gente y que se le recrimina concretamente por lo que vota, no nos vayamos del tema.

      Preveamos que los comportamientos de una SOCIEDAD DESESPERADA no van a ser ya los mismos que antes, que hay gente que duerme en la calle, que no come, que no puede mantener a sus hijos y que para esa gente hablar de tolerancia y de convivencia, y de principios irrenunciables les empieza a sonar a Chino cuando ahora su principio irrenunciable es sacar a sus hijos adelante.

      Esto va a ir a más, nos parezca bien o mal, por la propia naturaleza del hombre y de su supervivencia, dejémonos de disertar sobre la reacción y centrémonos en la acción, antes de que sea demasiado tarde.

      • Carlos M. Florit escrigué:

        Hola Daniel,

        Estoy bastante de acuerdo con su entrada. La frase “el problema es cuando esa sociedad se rompe y se hace añicos” me parece muy certera. Mi total discrepancia con el escrache es que creo que cuando la sociedad se rompe, la violencia o la intimidación no son mimbres aceptables para reconstruirla.

        Creo que no lo son desde dos puntos de vista: El ético o moral, no acepto estos medios, y el pragmático: Menuda sociedad vamos a crear si la intimidación para a ser asumida como una forma de construir nuestro futuro.

        Lo del león, que cuando tiene hambre, come, me parece matizable. No somos leones, somos personas con capacidad racional (o sea, con una capacidad de crueldad superior a la del león, que cuando ya ha comido, no ataca). Yo distinguiría entre el verbo “prever” y el verbo “justificar”. Yo también puedo “prever” que futuros episodios de estallido social impliquen fenómenos de violencia. Pero no lo justifico y si tengo esta pequeña tribuna, quiero emplearla para rechazar cualquier respuesta que incluya violencia o intimidación. Por el contrario, quiero hacer apología de la línea roja que nunca hemos de traspasar.

        “Esto va a ir a más”. Comparto pesimismo. Cuántas veces no se ha dicho que la clave del éxito de la Transición es que se habían forjado clases medias. Prefiero no imaginarme, hablando desde el punto de vista de la convivencia, qué pasará si llegan a desaparecer esas clases medias.

        Pero aparte de eso, soy pesimista porque la sociedad española, en un porcentaje demasiado alto, está aceptando cruzar la línea roja. No he hecho recuento, entre esta página, sobre todo Twitter y algo de Facebook, de cuántos comentarios ceden los principios y aceptan los episodios de escrache pero son muchos y esto es, a mi juicio, una muy mala noticia.

        Arruinar la convivencia no genera prosperidad. Me acuerdo de aquello de los barcos y la honra… Podemos acabar arruinados y sin convivencia.

        Un saludo

  5. Luis escrigué:

    La violencia es siempre injustificable. Es comprensible que la gente que lo está pasando peor arremeta contra los que consideran culpables de su situación con rabia, pero en una democracia y con reglas de convivencia, no se puede consentir (y para eso están las fuerzas de seguridad) que se haga con violencia, y no mediante los cauces reglados.

    No hay justificación ninguna para darle en la cabeza a alguien. Seguro que al final, alguien acabará dándonos en la cabeza a nosotros y con una razón de peso (a su forma de ver).

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  1. [...] el escrache hay diversas opiniones en muchos medios, pasen el rato para documentarse si no lo han hecho. Algunas son geniales, destaco [...]


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